Opiniones aparte, es una ciudad para caminar. Creo que le cabría perfecto ese “hen hao kan” que en mandarín que significa “agradable a la vista”, porque es exactamente eso, agradable a la vista. Este par de líneas no deben tomarse como una generalización que abarque todo Shanghai, pero sí a buena parte de ella. Lo que sí es una generalización nada tímida es que el aire es menos contaminado que el de Pekín, lo que invita a patear la calle sin pensar en alergias o sinusitis.
Un ejemplo perfecto es la caminería que va desde la West Nanjing Road hacia la East Nanjing Road. La ruta plagada de vitrinas, tiendas y reluctantes avisos de ofertas, contempla una parada en el Renmin Square o People’s Square. En las inmediaciones del Renmin Park, y a un paso del Museo de Arte Contemporáneo de Shanghai, la People’s Square resulta una mancha de verde entre tanto concreto, un stop de la vibra comercial que sacude las calles vecinas.
Da para caminar en medio de subidas y bajadas, entretenerse viendo a los locales jugar cartas, hacer un poco de ejercicio, comer en un restaurante con vista al lago o para retratar la clásica imagen del contraste entre naturaleza y modernidad, ya saben, árboles en primer plano, rascacielos interminables emergiendo al fondo como si fueran unos inanimados Godzillas de concreto.
Si sigue en dirección hacia el este a través de la Nanjing Road se abrirá paso a un mundo peatonal hasta desembocar en el Bund, una de las orillas del río Huangpu, responsable de dividir a Shanghai en dos mitades. Una muestra arquitectónica del pasado occidental y del presente vibrante del lugar, así como un aperitivo visual del voraz apetito de construcción que se apoderó de la otra orilla del Huangpu: Pudong. Es justamente allí donde se alza la famosa Torre Perla Oriental, ese edificio que todo el mundo tiene en la cabeza como la imagen de Shanghai, la torre de televisión con extravagante diseño que se ha convertido en foto-turista obligatoria para todo el que visita la zona.
En mi modesta opinión, es mucho más impresionante el gigantesco elevado peatonal que interconecta las avenidas del lugar y que está justo a unos metros de la Torre. Claro, viniendo de un país donde el peatón es una especie non grata, un trabajo semejante -con escaleras mecánicas incluidas- me resulta más alucinante que la Torre con forma de lápiz atragantado con par de olivas (obvio, no subí).
Quien aún tiene el instinto comprador en piloto automático ignorará la Torre y la pasarela peatonal para brincar directo al Superbrand Mall, el más grande de la ciudad. Si está más en ánimos de tomarse una última postal por el día, seguirá de largo unos metros más para ver la otra cara del Huangpu.