Legalización de documentos se hace cada vez más difícil

«Los que van a legalizar deben tener dos copias de la cita y de los documentos que entregarán. En cada uno tienen que colocarle un timbre fiscal de 0.5 unidades tributarias. En caso contrario perderán la cita», indicaban funcionarios de Ministerio de Educación Superior a las decenas de ciudadanos que intentaban legalizar sus notas y programas en el Centro de Caracas para irse del país.

En este ministerio, el Registro Principal y en el Servicio Administrativo de Identificación Migración y Extranjería (SAIME) los solicitantes hacen colas kilométricas para registrar partidas de nacimiento, poderes a terceros, títulos universitarios, o para simplemente obtener su cédula o pasaporte por si tiene que emigrar.

En las dependencias que habilitó el Ministerio de Educación Superior en Los Chaguaramos (Universidad Bolivariana) y en Altamira atienden hasta 600 personas de lunes a viernes, de 7:00 a.m. a 12:00 m, y de 1:30 p.m. a 3:30 p.m.

Mientras que los miles de usuarios que acuden al Registro Principal, en la avenida Urdaneta, hacen colas desde las 3:00 de la madrugada hasta las 12:00 del mediodía para legalizar títulos de primaria y secundaria y partidas de nacimientos, comenta Iris Ramírez, quien saldrá del país en enero de 2018 con rumbo a México.

«La atención en instituciones del Estado es cada vez más difícil. Están saturados con tanta demanda de documentos y pocos recursos económicos y humanos», explica Carlos Branger, quien acudió tres veces al Registro Principal hasta que pudo ser atendido.

Funcionarios destacados en estas instituciones indicaron por su parte que la orden que tienen de sus superiores es atender al mayor número de usuarios, incluso a los que tienen pasaje en mano para irse en los próximos días. «Los atendemos como casos especiales, pero a veces estamos saturados y deben esperar hasta tres días para obtener sus documentos».

Agregan que los ciudadanos que tienen cita son atendidos. «Luego les llega un correo electrónico con la planilla certificada o con la aprobación de la solicitud. Luego viene al registro a buscar sus documentos originales a la hora que pueda. Siempre hay colas por la alta demanda», agregan.

La vida transcurre en la cola

Con el tiempo en contra y una lista de diligencias por completar, hay quienes se someten sin mayor resistencia a la «ley de la cola». Se trata de una costumbre que ha ganado su propio espacio en la cotidianidad y que impone la dinámica para comprar gas, retirar efectivo de los cajeros, comprar alimentos en los abastos, pagar en los supermercados, abordar el transporte público o cancelar servicios básicos como la electricidad. La cola es la norma.

Y si no existe, siempre hay alguien de espíritu arrollado que aspira poner «orden» armando una fila. Empleados formales, peluqueras, manicuristas dejan sus labores para dar prioridad a la cola en algún comercio.

Las filas se han vuelto más largas y también peligrosas, son el telón de fondo de escaramuzas, trampas y robos pues se compite por bienes escasos. Pero son también lugares de encuentro.

Fuente e imagen: El Universal

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