El ortopedista

Hace casi un mes, Fabiano (el esposo) se lastimó el pie derecho jugando fútbol. Hombre al fin de cuentas, siendo él zurdo, decidió que un dolor en fase continuada no afectaría su vida en mayor grado. Dos semanas después, tras acabar la segunda caja de Diclofenac, pensó que, quizás, solo quizás, sería aconsejable ir a un médico, y, consecuentemente, un ortopedista.

La primera consulta fue tan básica como cualquiera podría esperarse, con la exepción de que el doctor se saltó el acostumbrado Rayos X y fue directo a la resonancia magnética. El estudio no solo costaba una fortuna, sino que además solo se hacía los lunes, y claro, era un martes. Pasó otra semana y llegó el día. El resultado estuvo listo pocos días después. Cuando fuimos a retirarlo pedimos una consulta para que el doctor pudiera ver las láminas, y el proceso fue tan rápido, que ni siquiera tuvimos oportunidad de entrar al consultorio.

En uno de los pasillos del hospital el hombre ojeó las imágenes y aconsejó volver al día siguiente para buscar un ortopedista, porque había problemas en un hueso del pie. Y volvimos. La espera fue larga, no tanto por la cantidad de pacientes en fila como sí por la cantidad de pacientes que se saltaron la fila.

Cuando el ortopedista vio los resultados lanzó un “it’s all normal” que evidenciaba su precario inglés. En vista de que insistía que no pasaba nada, supuse que no sabía decir en inglés que había un problema, e intenté explicarle en chino, que un día atrás otro doctor había recomendado la consulta porque había notado un problema en un hueso. En chino respondió que sí, sí hay un problema, “aunque no es muy grave“. El diálogo en chino prosiguió, más o menos así:

– Entonces ¿por qué dice que es normal?

Porque no es muy grave. 

– Pero él lleva cuatro semanas con dolor…

Le puedo recetar un analgésico.

– Lleva cuatro semanas tomando analgésicos, ¿no es mejor saber cuál es el problema?

 ¿Él bebe mucho?

– No.

 ¿Tiene algún examen de sangre?

– N0.

Entonces necesito un examen de sangre para ver su problema.

– Pero él se lastimó jugando fútbol, alguien lo golpeó y desde entonces no para el dolor.

Bueno, puede ser una enfermedad –cuyo nombre desconocí– y para diagnosticarla debo ver el examen de sangre.

– Pero fue jugando fútbol…

– ¿Él sigue jugando fútbol?

– Sí.

– Debería parar y si le sigue doliendo debería usar zapatos que no le causen dolor. Los espero de vuelta con el examen de sangre ¡Siguiente en la fila!

Por: Pau.

Fuente: https://aquienlachina.wordpress.com/

Imagen: web

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