Lupe

Lupe, la iguana

Con un estilo muy particular, ella se balancea por todo mi patio como dueña y señora del lugar. La primera vez que vi a Lupe, yo colgaba la ropa y ella bajaba por la pared. Nos miramos fijamente una a la otra. Nunca antes habíamos tenido un contacto tan cercano. Yo me quedé parada en medio de mi patio con las sabanas en la mano, sin moverme, emitir algún sonido, sólo veía cada uno de sus movimientos. Ella, cautelosa, se paralizó y me miraba. Torcía su cuello de un lado al otro para tratar de detallarme con ambos ojos.

Retrocedí hasta llegar a mi puerta, y me pegué del vidrio de la ventana para esperar que desapareciera. Desde entonces comprendí, que nunca más iba a desaparecer. El descendiente de algún reptil prehistórico se quedaría en la parte trasera de mi hogar y conviviría entre mi ropa sucia, mi basura, los detergentes y las sillas plásticas.

Me hizo entender que de ahí nadie la movería. Ni la lavadora y todos sus sonidos la hacen correr. Ella está familiarizada con todos mis movimientos. El problema, es que aún no me familiarizo con los movimientos y la presencia de ella.

Hoy decidí vencer mi miedo y salí al patio, tratando de ignorar su presencia. Obviamente, se vio extrañada de que no me quedara pegada de la ventana, observándola.

Saqué la ropa de la lavadora, monté una nueva lavadora y volví a cerrar la puerta. Ella, lupe1ahí, observando, inmutada. Podría jurar, que es un espía de Maduro y su Gobierno.

Desde hoy, Lupe, la iguana, es algo así como la supervisora de Ama de Casa.

¿Qué pensará Lupe cada vez que tenemos este encuentro entre especies?

Por: Mirsay Shimkevich.

Fuente: https://experienciasmirsanas.wordpress.com/

Imagen: web

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