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Enza García Arreaza: “Escribir nunca me ha salvado de nada”

Serie “Nuevo país de las letras”. Banesco. Enza García Arreaza: “Escribir nunca me ha salvado de nada”. Texto: Johnny Mendes / Fotos: Juan Oropeza.

Nacida en Puerto La Cruz, en 1987, es poeta y narradora. Tesista de la escuela de Filosofía de la UCV. Ha publicado un libro de poesía, El animal intacto, y tres de cuentos: Cállate poco a poco, El bosque de los abedules y Plegarias para un zorro. Ganadora del Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores y del concurso de la editorial Equinoccio de la Universidad Simón Bolívar. En 2004 ganó en España el VII Premio Literario Cuento Contigo: Nuevas voces jóvenes de Casa de América.

“No terminaba de entender nada”. El mundo familiar se le hizo imposible por mucho tiempo. En la casa adonde llegó con un año de edad, que es la misma que hoy la cobija, ocurrieron episodios hostiles, dolorosos, que por mucho tiempo estuvieron fuera del rango de comprensión de una niña.

Fue en Sierra Maestra, un populoso sector de Puerto La Cruz, donde se recuerda sumergida en un constante diálogo con ella misma. Se preguntaba una y otra vez por qué ella y sus dos hermanas debían crecer de forma distinta. Afuera, en la calle, otros pequeños de la cuadra cumplían rutinas de juego que sus padres les tenían vedadas.

“Yo sentía que vivía en una jaula. Todo me daba miedo. Todo me resultaba muy estresante. Intuía que no estaba en el lugar correcto. No comprendía por qué éramos tan distintos, por ejemplo, a mis primos o a mis tíos. No entendía por qué mis padres no terminaban de encajar el uno con el otro”.

Asume que la adultez, lentamente, le dio luces para entender que no podía honrar el pasado familiar, que había un origen y un lugar a los que no se podía regresar. Escenas de violencia, hijos abandonados, mujeres abusadas. “Mis padres vienen de familias sin estructura. Eran muy humildes. Un desastre de lado y lado”.

La libertad de jugar, de expresarse, de interactuar con los demás, no le estaba dada. “La libertad era un concepto extraño”. Enza García Arreaza solía sentir que maestros y compañeros veían con ojeriza el hecho de que su papá regentara una venta de lotería.

Ya grande comprendería que esa etapa, llena de hostilidad desde distintos frentes, le estaba curtiendo la piel. Sería de provecho para construir su mundo literario: escritos y títulos publicados que ya han sido reconocidos dentro y fuera del país. No le interesa tanto la crítica especializada como los lectores.

Primer tablero narrativo

“Jugaba mucho con legos, barbies, muñecos. Jugaba sola. Buscaba apartarme, aislarme. Mi primer tablero narrativo fueron los muñecos. Yo construía historias y duraba días alimentándolas. Eso nunca se me olvidó. Cuando dejé de jugar, sentí nostalgia. Tenía entre 12 y 13 años”.

Sus hermanas eran mayores. La primera le llevaba 12 años; la segunda, 10. “La mayor era más maternal conmigo, más dulce. Con la segunda casi siempre me reñía. Hoy es casi mi mejor amiga”.

Fuente e imagen: elnacional

 

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